El voluntariado de Retamar Formación Profesional en la Residencia Las Praderas

D. Antonio Meléndez
Coordinador de las actividades de voluntariado en Retamar.

Como sucede desde hace tres años, en octubre comenzamos las actividades de voluntariado social que los alumnos de los Ciclos Formativos de Retamar realizan en la Residencia Las Praderas. Es un centro para personas de la tercera edad, en el que habitan unos cien residentes. También es un centro de día, dirigido a personas que acuden a la Residencia por la mañana y regresan a casa por la tarde. Está situada en Pozuelo de Alarcón, relativamente cerca del Colegio.

Allí acudimos los martes y miércoles por la mañana, de 10:30 horas a 13:15 horas. Cada día va un grupo distinto de alumnos durante un trimestre. Este curso hemos empezado con los Ciclos Formativos de Grado Medio: Sistemas Microinformáticos y Redes y Gestión Administrativa.

Alumnos de Retamar Formación Profesional, en la Residencia Las Praderas.

Alumnos de Retamar Formación Profesional, en la Residencia Las Praderas.

Nada más llegar, nos distribuimos el trabajo, coordinados por Soraya, la animadora sociocultural de la Residencia. Hasta las 11:45 horas paseamos a los ancianos por el jardín cuando hace buen tiempo o por la galería cuando no se puede salir. Hablamos con ellos y evitamos, en algunos casos, que se duerman. Esto les gusta mucho, sobre todo a las personas que están en silla de ruedas o tienen la movilidad reducida: paseamos un rato, luego nos sentamos y hablamos con ellos, volvemos a pasear y así hasta que se cansan. Uno o dos alumnos juegan a las cartas con un grupo fijo cada día, aunque algunos hagan pequeñas trampas para ganar.

Rafael se siente afortunado los martes y miércoles porque puede practicar su afición preferida: jugar al ajedrez con algún alumno que sepa, se sobreentiende, y que esté dispuesto a perder ofreciendo la mayor resistencia posible. Y es que Rafael es todo un maestro de ajedrez, que ha ganado muchos títulos, y, hasta ahora, nadie le ha conseguido vencer.

retamarfp_voluntariado5
 

Otros, dirigidos por Don Javier, colaboran con Soraya realizando actividades de animación de todo tipo. Siempre hay un rato para comentar las noticias de actualidad o para tratar algún tema que les interese. Algunos ancianos es preferible que caminen y se muevan. El año pasado un alumno les estuvo explicando en qué consistía el rap, con música y todo; otro estuvo dando clases de salsa, aunque eran muy pocos los que podían dar algún paso de baile de forma coordinada.

Como muchos de ellos tienen problemas de Alzheimer o demencia senil, de una semana a otra no se acuerdan de lo que han hablado con el voluntario que le ha tocado y vuelven a repetir sus “batallitas”: Ángela – 87 años – con sus olivos y su pueblo; Carmen, con 90 años, habla de su pasión por el Betis – dice que su familia tiene la sangre verde – y cómo veían los partidos desde casa de su madre; Concha, que nos quiere a todos y nos besa y abraza sin parar porque se acuerda mucho de todos, aunque sea la primera vez que los ve; Félix y sus enfermedades; María, que con 96 años está como una rosa y siempre va muy arreglada; Juan, que no tiene familia y le encanta hablar con algún voluntario mientras está sentado en el jardín; Josefina, que sólo ve manchas y puede salir a la calle para hacer sus recados e, incluso, tomarse un café, siempre que alguien de nosotros la acompañe; Rosa, que ha perdido bastante la cabeza, va en silla de ruedas y habla de los temas más diversos, etc. Así podíamos rellenar folios y folios con las historias de cada una y cada uno.

Alumno de Retamar Formación Profesional, en la Residencia Las Praderas.

Alumno de Retamar Formación Profesional, en la Residencia Las Praderas.

A las 11:45 horas subimos a la primera y segunda planta a los que les toca comer a las doce y, junto con los que no están muy bien y no se mueven del salón de la planta correspondiente, ayudamos a dar de comer a los que no pueden hacerlo sólos.

A partir de las 12:40 horas nos juntamos en el salón donde están Soraya y Don Javier para bajar a las personas que están en silla de ruedas a la planta baja, que es donde tienen otro comedor para comer a las 13 horas. No sólo hay que tener cuidado para bajar en el ascensor a las personas que están en silla de ruedas, sino que hay que vigilar también a los que pueden andar -solos o con andador- y no se acuerdan de donde está el comedor, aunque lleven años haciendo el mismo recorrido.

Alumno de Retamar Formación Profesional, en la Residencia Las Praderas.

Alumno de Retamar Formación Profesional, en la Residencia Las Praderas.

Como veis, es un “no parar”, no da tiempo a aburrirse o a pensar “no tengo nada que hacer”, porque siempre hay cosas pendientes. La impresión que sacan los alumnos –por lo que dicen– creo que es muy positiva. Algunos vienen de muy lejos y luego tienen que comer por ahí para estar en Retamar a las 3 de la tarde, lo cual tiene mucho mérito.

Es muy gratificante estar con los ancianos, ver que les estás haciendo pasar un rato agradable y que estén esperando la semana siguiente para que vuelvas a ir y seguir contándote cosas, aunque sean las mismas de la semana pasada. Porque, en general, se aburren. Doña María, la directora de la Residencia, nos tiene mucho aprecio y está muy contenta con nuestro trabajo.

El segundo trimestre se incorporarán nuevos alumnos y los que quieran seguir también lo pueden hacer. Por último, me gustaría señalar que también nos preocupa la formación de nuestros alumnos: les damos una sesión sobre el voluntariado y sus características; antes de empezar el trabajo tenemos una pequeña reunión para distribuirnoslo y, cuando acabamos, comentamos cómo ha ido el día, anécdotas, situaciones más o menos complicadas, estados de ánimo, etc.