La importancia de la inteligencia emocional para el éxito de un candidato en un proceso de selección

Por D. Jorge Riaza
Profesor de

El crecimiento y el éxito de una empresa depende de la capacidad de ésta para seleccionar, contratar y mantener a un personal altamente cualificado. De este modo, la selección de personas supone la capacidad de predecir de forma precisa el comportamiento que tendrá un candidato en el puesto en el que se le pretende adjudicar.

Alumnos de Retamar Ciclos Formativos, en  un taller sobre procesos de selección

de , en un taller sobre procesos de selección.

Esta es la razón por la cual, actualmente, las selecciones se suelen realizar por de competencias, entendidas éstas como un conjunto de capacidades que posibilitan el desarrollo y la adaptación de la persona a un puesto de ; son características subyacentes en la persona y observables en la conducta.

Las competencias de un candidato se agrupan en dos grandes categorías:

  • Conjunto integrado por los Conocimientos y aptitudes que posee el candidato.
  • Conjunto de factores actitudinales de naturaleza intangible y relacionados con las motivaciones y rasgos de la personalidad.

En el pasado, los procesos de selección incidían en el primer grupo de competencias, relegando las otras a un segundo plano. Sin embargo, ya en la década de los 70 se empieza a entender que los conocimientos, el expediente académico, así como el coeficiente intelectual no son garantía de éxito en un proceso de selección. Posteriormente se adoptan en los procesos de selección los modelos de inteligencia múltiple: verbal, lógico, matemático, espacial, musical, interpersonal e intrapersonal. Pero es en los años 90 cuando Daniel Goleman propone el concepto de Inteligencia Emocional, entendida como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los de los demás, motivarnos y manejar de manera adecuada las relaciones que sostenemos con otros y con nosotros mismos”.

La Inteligencia Emocional está formada por dos dimensiones:

  • Dimensión personal: consciencia de sí mismo, auto-regulación, auto- y auto-estima.
  • Dimensión relacional: empatía, expresión emocional, resolución de conflictos y asertividad.

Hoy las competencias emocionales juegan un papel muy importante en los procesos de selección, hasta el punto de que puede decirse que las competencias que mayormente demandan las empresas a los candidatos en un proceso de selección pertenecen a la Inteligencia Emocional. Cualquier candidato que pretenda mejorar su capacidad para ser contratado por una empresa deberá desarrollar las diez competencias que se exponen a continuación, agrupadas en dos niveles de exigencia:

1. Las Determinantes, en la medida en que resultan imprescindibles para introducirse en el mercado laboral:

  • Capacidad de aprendizaje
  • Trabajo en equipo
  • Trabajo con presión de tiempo
  • Flexibilidad
  • Capacidad de organización
  • Motivación

2. Las que añaden valor al sujeto:

  • Creatividad
  • Conocimientos
  • Liderazgo
  • Comunicación

Se observa que más de la mitad de las competencias anteriores pertenecen al concepto de Inteligencia Emocional. Esto implica que el trabajador debe ajustar sus comportamientos a las necesidades de su entorno, utilizando sus emociones y motivaciones para generar sinergias, impulsar acuerdos, motivar el éxito de los colaboradores, negociar, gestionar conflictos y, en definitiva, liderar.

Por todo lo expuesto, desde cualquier educativo que forma alumnos con destino al mercado de trabajo debe reforzarse y potenciarse el desarrollo de estas actitudes que conviertan al alumno en un candidato apto para el mercado de trabajo. Esto no significa que deban olvidarse los conocimientos propios de la especialidad que cursa el alumno, sino que adicionalmente deben buscarse recursos para impulsar en el alumno el desarrollo de estas competencias emocionales.